La carreta electromagnética de Franklin Smith

¿Quizás conozcan este fabuloso Nautilus, o sea el globo aerostático que permite atravesar el mundo en ochenta días? No, no se equivocan, estamos entrando en el universo de Julio Verne… Su imaginario fecundo no le dio solamente la idea de estas máquinas capaces de explorar los lugares desconocidos de los abismos y del cielo. En febrero 1889, este visionario preveía que en 2889 nuestros viajes se iban efectuar vía unos “tubos neumáticos instalados a través de los océanos” (si quieren saber más sobre nuestro futuro, lean “En el siglo XXIX” o “La jornada de un periodista americano en el 2889”). Mucho mejor que los actuales trenos de alta velocidad: estos tubos se moverían a una velocidad de 1500 km/h.

¿Extravagante? No es lo que Franklin Smith consideró veinte años después. En 1906, este inventor americano concibió un nuevo tipo de vehículo, más ligero que los carros de la época. De hecho, bastaba con aligerar el motor suprimiendo algunos componentes, como su órgano rotativo. Ustedes protestarán: ¡estas piezas tenían necesariamente una utilidad! Claro, si no fuera por la ingeniosidad de Smith. Sobre la parte inferior de la carreta, añadió un sistema similar a un electroimán. Si ustedes se envían una corriente alterna, ¡la carreta podría se elevar y quedar en suspensión en el aire! Sin embargo, a condición de que ustedes se añadan un cierto peso. ¿Se pueden imaginar la ventaja de un tal vehículo? Su velocidad no dependería más de las bajadas o del peso que tiene que transportar, sino de la velocidad del campo magnético… ¡que nunca varia!

Casa vez más loco, ¿verdad? Figúrese que la Electric Carrier Co volvió a servirse de las patentes de Smith, con la idea de hacer navegar el correo, los paquetes o los equipajes de una ciudad a otra. Además, las carretillas serían controladas separadamente de las otras, a fin de evitar las colisiones. ¡La compañía había pensado en todo! Paterson, en Nueva Jersey, sirvió de cobaya: se instaló una línea de prueba de 550 m antes de lanzarse en la grande industria… qui nunca vio la luz.

No obstante, la idea no fue olvidada. Ciento veinticinco años después del relato de Julio Verne, el empresario Elon Musk, que ustedes quizás conocen como el jefe de Space X y de Tesla Motors, decidió de cumplir los sueños del escritor genial. En los albores del siglo XXI, promete aliviar Los Angeles de su tráfico por medio de un tren con cápsulas supersónicas – el Hyperloop. Dado que algunos gigantes como la Nasa y Boeing trabajaban sobre esta cuestión, el sueño de Musk contaminó todo el mundo. Sin embargo, perduró sólo un puñado de años – hoy en día, Hyperloop todavía brilla por su ausencia…

Y ustedes, tendrían LA solución?