La pila de Clarendon, que funciona desde 1840, es una “pila seca” y una de las primeras baterías eléctricas. Es destinada a alimentar una campana, la Oxford Electric Bell, que sigue sonando regularmente desde su fabricación.
Aunque la corriente restante en la pila es muy débil, evaluada a cerca de 1 nanoamperio, queda una cuantidad suficiente para producir el movimiento del badajo entre los repiques.


